


Presa romana y Ermita (Muel)

Torre (Mainar)

Herrera de los Navarros

Puerta Baja (Daroca)

Puerta Baja (Daroca)
Espacios turísticos
Cariñena, Daroca y Belchite
El sur de la provincia de Zaragoza congrega un
sugerente mosaico de espacios naturales y humanos. Durante generaciones, en sus
llanuras esteparias o al abrigo de quebradas serranías se han desarrollado modos
de vida ligados a la trashumancia del ganado lanar y a los dos pilares de la
agricultura mediterránea, el olivo y la vid.
La dureza de las condiciones naturales no ha impedido que hicieran de estos
parajes su hogar distintos pueblos y culturas. Los primeros de que se tiene
noticia histórica son los indómitos celtíberos. Lugares como Herrera de los
Navarros o El Castellar de Berrueco nos revelan cómo eran sus asentamientos y el
día a día de su vida cotidiana. A los celtíberos les sucedió el esplendor de la
civilización romana y a ésta una centenaria confrontación militar y cultural
entre musulmanes y cristianos. Ese fecundo pasado ha dejado un poso en la zona
fácilmente rastreable en sus manifestaciones artísticas, su gastronomía y sus
tradiciones.
El primer nombre que todo zaragozano asocia con la cultura del vino es el de
Cariñena, donde el cultivo de la vid se transforma en "religión".
Muel da la
bienvenida a quienes, desde el norte, se adentran en un océano de viñas, cuna de
los caldos de dicha Denominación de Origen.
La localidad conserva pinturas de Goya en la ermita de Nuestra Señora de la
Fuente, erigida sobre una antigua presa romana, pero debe su fama al hecho de
ser un centro alfarero de primer orden. La actividad de sus obradores está
documentada desde finales del siglo XV, aunque se inició mucho antes. A la
entrada de Muel se levanta la Escuela Taller de Cerámica, que aloja un
moderno museo.
Cerca de Muel se encuentran Mezalocha y Longares. Como en otros pueblos
próximos, entre sus habitantes destacó durante siglos una nutrida comunidad
islámica, hasta su expulsión en 1610. Testigos señeros de su presencia son el
trazado irregular de sus angostas calles y las torres mudéjares de sus iglesias,
cuyas siluetas se recortan en unos cielos de asombrosa diafanidad.
Cariñena es la cabeza administrativa y el corazón de un territorio escasamente
poblado. Alberga construcciones de meritoria valía, como su colegiata o el
palacio renacentista que sirve de sede a su Ayuntamiento.
Sin embargo, su vida cotidiana gira alrededor del fruto de la uva. Sus múltiples
bodegas, alguna de joven y audaz diseño, junto con el Museo del Vino son los
edificios más apreciados por los visitantes. Éstos aumentan en gran número
durante la Fiesta de la Vendimia al finalizar el verano, cuando se multiplican
las actividades lúdicas y hay fuentes que, por unos días, en vez de agua manan
los personales vinos de la tierra.
Los interminables campos de suelos rojizos y ordenadas hileras de vides se
extienden como una marea incontenible por otros municipios con notables encantos
artísticos. Aguarón, Cosuenda, Encinacorba y Paniza, entre otros, pueblan la
vertiente norte de la Sierra de Algairén mientras que Villanueva de Huerva,
Tosos o Aguilón vigilan el cauce del río Huerva que, todavía joven, corre
encajado entre las rocas.
En la Edad Media, Daroca capitaneó una extensa comunidad de aldeas con una
jurisdicción propia. En ese tiempo, su poderío económico y político facilitó su
embellecimiento y hoy, ceñida por una muralla en la que se alternan
inexpugnables torres y puertas fortificadas, cautiva a sus visitantes.
La piedra románica y el ladrillo mudéjar entablan un cordial diálogo en sus
casas señoriales y en sus templos, distribuidos por empinadas calles de ondulado
recorrido. Esa atmósfera, que nos traslada al pasado, se intensifica durante el
Festival de Música Antigua y el día del Corpus Christi. Con esta festividad
religiosa culmina anualmente la devoción a los Corporales, paños para guardar
las Formas Sagradas que, según la tradición, se tiñeron de sangre de forma
milagrosa durante un combate entre cristianos v musulmanes en el siglo XIII. No
muy lejos de la ciudad-museo de Daroca se localiza Murero. cuyos nacimientos
paleontológicos proporcionan sorprendentes Fusiles marinos desde hace más de un
siglo, y poblaciones como Langa del Castillo, Retascón, Villarroya del Campo,
Lechón o Anento, que atesoran magníficos retablos con pinturas góticas. Distinto
es el atractivo de Mainar, Villarreal de Huerva, Romanos, Herrera de los
Navarros y Villar de los Navarros, con iglesias parroquiales rematadas por las
filigranas en ladrillo de sus siempre orgullosos campanarios mudéjares.
Junto al patrimonio artístico e histórico, esta zona reúne un espectacular
patrimonio natural, con un conjunto lacustre de origen endorreico único. La
prenda más preciada de esos humedales de agua salada es la Laguna de Gallocanta,
la mayor de la Península Ibérica y un privilegiado lugar de refugio y
nidificación para las aves migratorias.
Entre la amplia nómina de especies que la visitan sobresalen las grullas. Cada
otoño y al comenzar la primavera llegan por miles en ordenadas formaciones para
tomarse un descanso en su peregrinar entre el norte de Europa, donde crían, y
las cálidas tierras de Extremadura y Andalucía.
Existe un Centro de Interpretación de la Laguna, así como rutas señalizadas y
miradores que facilitan su observación. En los últimos años, además, muchas
permanecen allí todo el invierno debido al aumento de las temperaturas.
Alrededor de Belchite se repiten las desnudas llanuras esteparias salpicadas por
balsas salobres. Fuendetodos es la población más frecuentada del entorno gracias
a la figura de su más ilustre vecino, Francisco de Goya. Se conserva la casa
natal del pintor y se ha creado un Museo del Grabado donde se exhibe parte de su
impactante obra gráfica.
A su vez, se han abierto talleres y salas de exposición que acogen muestras de
prestigio internacional. Sin embargo, Goya no es el único patrimonio de la
localidad. En sus inmediaciones abundan las neveras donde se almacenaba hielo,
así corno senderos acondicionados para aventureros a pie o en bicicleta y
canteras de piedra. Esa industria, la de la piedra, alcanza mayor desarrollo en
la cercana Puebla de Albortón, desde donde partió con destino a América, José
Gervasio Artigas, el impulsor de la independencia de Uruguay.
El actual Belchite, uno de los más señalados centros aceiteros de Aragón, tiene
pocos años de vida. El pueblo viejo, escenario de combates durante la Guerra
Civil, muestra sus espectrales ruinas que atraen a poetas, fotógrafos y
cineastas.
Mejor suerte corrió el imponente santuario barroco de la Virgen del Pueyo,
enclavado en lo alto de un cerro tan sólo a unos kilómetros. Las inmediaciones
de Belchite han sido generosas a la hora de ofrecer vestigios de sus antiguos
pobladores. Los arqueólogos han desenterrado numerosos restos de su pasado
celtibérico y romano, como en Almonacid de la Cuba y Azuara.
En la primera todavía se pueden admirar los sillares de una sólida presa romana
sobre el río Aguas Vivas, mientras que en la segunda, además de su iglesia
mudéjar y de la ermita románica de San Nicolás de Bari, se emplaza La Malena,
una suntuosa villa de época imperial que llama la atención por sus dimensiones y
por las originales escenas mitológicas narradas en sus coloristas mosaicos.
Esta ruta puede culminar como empezó, con un recorrido por animadas poblaciones
cuyo principal referente visual son las espléndidas torres mudéjares de sus
iglesias parroquiales. Tal es el caso de Moyuela, Moneva, Samper de Salz, Codo o
Lécera, cuyos campanarios asemejan irreductibles faros, aislados en la
inmensidad de la estepa.
La cerámica de Muel
La cerámica es otra de las grandes herencias de la cultura andalusí. En Muel hay
noticia de laboriosos talleres desde la Baja Edad Media. En 1585, Enrique Cock,
un mercenario inglés a las órdenes de Felipe II, pasó por el pueblo y dejó una
descripción escrita de sus habitantes, casi todos musulmanes, y de su principal
dedicación, la alfarería. Entre las piezas que fabricaban predominaban las
decoradas con dibujos azules o dorados, sobre fondo blanco. Tras la expulsión de
los moriscos, las manufacturas cerámicas decayeron. Ha sido en la segunda mitad
del siglo XX cuando esta artesanía ha resurgido y hoy brinda a los interesados
loza de calidad, de muy variadas formas y decoración.
Música celestial
Todos los años, durante los primeros días del tres de agosto, Daroca se
convierte en la capital de la música antigua. Alumnos procedentes de todos los
continentes participan en los prestigiosos cursos organizados por la Institución
Fernando el Católico para perfeccionar el empleo de unos instrumentos con los
que desde hace siglos cobran vida partituras musicales. Como complemento a esas
lecciones se celebra un inusual ciclo de conciertos, donde se interpretan piezas
medievales, renacentistas y barrocas. Las actuaciones tienen lugar en escenarios
tan acogedores como extraordinarios, en varias iglesias de la población abiertas
a los amantes a la música.
ESPACIOS TURÍSTICOS

Museos,
Centros de Interpretación y
Salas de Exposición
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