


Torre del Homenaje "Uncastillo"

Río Gállego

Murillo de Gállego

Judería (Sos)
Espacios turísticos
Prepirineo y Cinco Villas
Constituye el área más septentrional de la provincia
de Zaragoza y la de mayor superficie, engloba un vasto territorio que desciende
desde las sierras prepirenaicas hasta el valle del Ebro y se articula desde hace
siglos en torno a las denominadas Cinco Villas: Sos, Uncastillo, Sádaba, Ejea y
Tauste. Su enorme extensión, en la que se yuxtaponen diferentes ecosistemas, y
las abundantes huellas en piedra de su pasado se traducen en un surtido de
encantos naturales y monumentales.
Fue demarcación fronteriza durante la mayor parte de una Edad Media regida por
el poder de la espada. Su accidentado terreno separó primero a musulmanes de
cristianos y, tras el definitivo avance de estos últimos, dibujó los límites de
belicosos reinos en expansión o de ambiciosos señores feudales. Fruto de este
tumultuoso pasado, recios templos pueblan caseríos e infinidad de cerros
aislados. Junto a ellos alardean de su majestuosidad las mansiones señoriales y
una multitud de inexpugnables fortalezas.
El extremo norte de estas tierras, entre bosques y ,quebrados cursos fluviales,
es atravesado por la ruta principal del Camino Santiago, el llamado camino
francés. Vía de tránsito de variadas influencias culturales en época medieval,
recibió una especial protección por parte de los primeros monarcas aragoneses,
que impulsaron la edificación de puentes, monasterios y núcleos de población.
Su trazado, que bordea la orilla meridional del embalse de Yesa, está jalonado
por localidades como Mianos, Artieda, Ruesta y Undués de Lerda, de innegable
aroma medieval. En varias de ellas han salido a la luz vestigios romanos, pero
lo que más le llama la atención al viajero son sus apacibles calles empedradas y
sus sobrias iglesias, levantadas asimismo en piedra.
Otros caseríos próximos, ligados también al Camino de Santiago, son Salvatierra
de Escá y Sigüés. El primero se ve dominado por el tardogótico templo de El
Salvador, semejante a una fortaleza. En Sigüés, se ubica el antiguo hospital de
Santa Ana, que en el pasado acogía a los peregrinos. En esta última población,
para San Babil, en enero, v San Juan, al llegar el verano, aún se celebran
curiosas festividades con rituales de antiguo origen.
En las estribaciones del Prepirineo se localiza la más norteña de las Cinco
Villas, Sos del Rey Católico, donde parece que el tiempo se haya detenido.
Recorrer su núcleo urbano, declarado Conjunto Histórico Artístico en 1968,
resulta una experiencia mágica e irrepetible.
Tras sus portales de acceso, bajo la atenta mirada de la torre de su alcázar, se
suceden, pared con pared, templos, lonjas y casas nobiliarias de variados
estilos. Los que se acerquen a disfrutar de su amplia y personal oferta
gastronómica o del festival de música organizado en verano podrán apreciar la
perfecta sintonía en que conviven desde la románica iglesia de San Esteban, de
monumental portada escultórica, al renacentista palacio de Sada, donde vino al
mundo en 1452 el rey Fernando, unificador de los reinos hispanos.
Y si evocar el pasado es fácil en Sos, otro tanto ocurre al pasear por
Uncastillo, también Conjunto Histórico Artístico. Su muestrario de iglesias
románicas no tiene igual en todo Aragón y su trama urbana reúne varios centros
de interpretación y reserva la sorpresa de una judería, felizmente conservada,
de serpenteantes travesías.
Resulta más que recomendable una visita a la imponente loma fortificada que
corona la localidad y le da nombre, donde comparten espacio una torre almenada
que alberga una exposición permanente sobre la vida en la Edad Media y un
palacio gótico mandado levantar por Pedro IV el Ceremonioso en el siglo XIV En
los meses estivales, además, la villa bulle de actividad. Es sede de encuentros
culturales, cursos y seminarios, y se organizan festejos de particular interés,
como el que recuerda a los cincuenta caballeros del lugar ajusticiados por los
musulmanes en la Córdoba de Almanzor.
En el término municipal de Uncastillo se halla el yacimiento de Los Bañales,
ciudad romana de notable importancia a tenor de lo que todavía queda en pie del
acueducto que la abastecía de agua, de sus termas y de su foro, principal centro
político y religioso de la población.
Relacionadas con este asentamiento estarían varias residencias rurales y dos
monumentos funerarios, el de los Atilios y "la sinagoga".
Este último, un mausoleo bajoimperial probablemente utilizado ya en ritos
cristianos, se sitúa en la cercana Sádaba, villa fronteriza con el reino de
Navarra señoreada por dos extraordinarias construcciones: su adusto pero
formidable castillo del siglo XIII y la parroquia de Santa María, uno de los
edificios góticos más sobresalientes de la provincia. A su vez, cuenta en sus
cercanías con dos insignes monasterios en otro tiempo prósperos, el de Puylampa,
de monjes hospitalarios, y el cisterciense de la Concepción de la Virgen de
Cambrón.
Junto a las ya citadas, un rosario de preciosas poblaciones (Bagüés, Navardún,
Isuerre, Longás, Castiliscar, Luesia, Biel, Layana, Biota, El Frago, Luna, etc.)
confirma un pasado de esplendores, en un opulento marco natural.
Tanto en sus enclaves arqueológicos como en sus construcciones religiosas,
militares y civiles es claramente visible la herencia dejada por quienes a lo
largo de los siglos se han dado cita en sus calles y en sus campos. Sobrecogen
al visitante sus restos romanos, como el sarcófago paleocristiano que sirve de
mesa de altar en la parroquial de Castiliscar, sus formidables iglesias de
piedra sillar, sus plazas porticadas, sus viviendas tradicionales con anchos
portales y ventanas talladas que parecen sacadas de cuentos de hadas, sus
antiguos barrios judíos y la gallardía de sus fortalezas, encaramadas a
emplazamientos inverosímiles.
Y algo parecido sucede un poco más al Este, en lugares como Murillo de Gállego o
Santa Eulalia de Gállego, a orillas de dicho río y con los Mallos de Riglos con
sus desafiantes farallones de roca como grandioso telón de fondo. En la
actualidad, esta zona basa su desarrollo en una variada oferta de deportes de
aventura en plena naturaleza. Hoy en día, es posible practicar en inmejorables
condiciones senderismo, piragüismo, rafting, ala delta o parapente.
Al acercarnos al valle del Ebro, el paisaje va cambiando y, de forma progresiva,
los agrestes bosques de las postreras serranías pirenaicas van dejando paso a
extensas llanuras cultivadas, sobrevoladas por infinidad de cigüeñas y aves
rapaces de pequeña talla en busca de alimento.
En los
últimos años, la secular producción de cereales de secano se ha enriquecido con
la siembra de otros productos, como el arroz. Ejea de los Caballeros
refleja en su caserío la transición hacia la industrialización alimentaria.
Habitado por íberos, romanos y musulmanes antes de la definitiva conquista
cristiana, todavía ofrece valiosas muestras de arquitectura románica, como las
iglesias de San Salvador y Santa María. Sin embargo, acoge ya algunos ejemplos
de arte mudéjar, predominante en la vega media del Ebro y tierras aledañas,
donde la piedra deja paso al versátil ladrillo.
Sólo unos kilómetros al Sur, en Tauste, cuna de un particular dance, la
octogonal torre de Santa María, con sus esbeltos paños tapizados de motivos
geométricos, testifica el esplendor de esa singular corriente artística, el
mudéjar, que pone al servicio de edificios cristianos conceptos y sistemas de
trabajo islámicos. Dignos de admiración son, asimismo, el espectacular retablo
renacentista de la mencionada iglesia y el santuario de Nuestra Señora de Sancho
Abarca, situado en las proximidades, sobre un altozano desde donde se disfruta
de soberbias vistas panorámicas.
Sefarad
Sefarad es el nombre que los judíos asignan a España, un paraíso perdido. Desde
la Antigüedad hasta el 31 de marzo de 1492, cuando los Reyes Católicos
decretaron su expulsión, numerosas comunidades hebraicas florecieron en tierras
peninsulares. Uno de los focos de mayor densidad en tierras hoy aragonesas fue
el norte de la provincia de Zaragoza. La impronta de su estancia es
perfectamente visible en localidades como Sos, Uncastillo, Ejea, Tauste, Luna,
Biel, Luesia o El Frago, donde se puede deambular por las sinuosas y angostas
calles de los barrios antaño habitados por judíos sintiendo todavía su
presencia.
ESPACIOS TURÍSTICOS

Museos,
Centros de Interpretación y
Salas de Exposición
RUTAS RELACIONADAS
Románico y Gótico en el Pirineo
DESCARGAS
Oficina de Turismo
Ejea de los Caballeros
Ejea de los Caballeros
Sádaba
Santa Eulalia de Gállego
Sos del Rey Católico
Tauste
Uncastillo