La exposición está abierta al público del 21 de diciembre al 10 de febrero de 2008
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(20/12/07). El Palacio de Sástago de la Diputación de Zaragoza vuelve a convertirse, durante la próxima temporada, en un centro de arte contemporáneo internacional en la capital aragonesa, gracias a la obra de un singular representante de la transvanguardia italiana, Mimmo Paladino.
La muestra, compuesta por 81 obras (11 pinturas, 21 esculturas, 46 terracotas y 3 estampas de la colección El Quijote), recorre un amplio periodo de la ultima producción (1989-2007) de este prolífico y polifacético artista.
Mimmo Paladino es un artista italiano que se forma en el Liceo Artístico de Benevento entre 1964 y 1968. En 1977 se traslada a Milán, desarrollando a finales de los setenta un estilo monocromo al que incorpora objetos. En los años ochenta se une a la transvanguardia, movimiento que participa de la tendencia general del retorno a la pintura adoptando un estilo alegórico figurativo derivado de la imaginería cristiana y clásica en combinación con el estilo propio de las vanguardias europeas; referencias sádicas, dramáticas o mortuorias afloran en sus cuadros; piezas llenas de animales extraños, cráneos y cuerpos desencajados que encuentran en esculturas de madera de tradición popular su principal modelo.
Achille Bonito Oliva defendió la Transvanguardia como la «vanguardia posible» que permitiría que las posiciones del artista retengan un patrimonio histórico: «En lo que se refiere al proceso creativo, dicho movimiento recupera la felicidad expresiva de las manualidades (pintura, escultura, dibujo), el eclecticismo estético y el nomadismo de las referencias, mediante una recuperación de la subjetividad que no es épica, sino irónicamente fragmentaria y doméstica». El mismo crítico hablaba de nomadismo o, apelando a Nietzsche, de un nihilismo activo, así como de una asunción de lo contaminado, esto es, de la imposibilidad de comenzar de cero. En cierta medida, la transvanguardia supuso una reaparición de la estética manierista, sobre todo de cierta intranquilidad o, para ser más preciso, de la ambigüedad.
Alberto Fiz ha señalado que Paladino es, fundamentalmente, un constructor de imágenes y no un simple reproductor, un pintor entregado a una intensa indagación en los códigos que le obsesionan. Su obra es una mezcla de la memoria personal y las huellas de la experiencia cultural. Paladino que quiere aproximar, por ejemplo, a Mattise y a Malevitch, es consciente de que el artista es un acróbata en la cuerda floja, «se mueve hacia varias direcciones, no porque esté lleno de habilidad, sino porque no sabe cuál elegir». No se trata de entregarse a una auténtica orgía de signos sino de elegir aquello que se torna necesario.
Paladino, según ha explicado Demetrio Paparoni, no quiere dar vida a un arte narrativo, pero al mismo tiempo, se inclina a no excluir nada, “se declara disponible a utilizar cualquier estímulo encontrado en su camino”.
En la convocatoria participarán medio centenar de escolares (los ganadores de la fase provincial del certamen) que deberán demostrar sus conocimientos sobre el Cid, el Cantar y la época medieval en general jugando las ocho fases que forman parte del videojuego El Camino del Cid, la aplicación informática en la que se ha basado este novedoso Concurso.
Mimmo Paladino. Desde el eclipse
Del 20 de diciembre al 10 de febrero
Palacio de Sástago
C/ Coso 44. 50003 Zaragoza
Martes a sábado de 11 a 14 y de 18 a 21 h.
Domingos y festivos de 11 a 14. Lunes cerrado
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