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Un libro de la Institución Fernando el Católico de la DPZ recopila la historia y etnografía del pueblo de Ruesta

‘Ruesta vive. Memoria oral de un pueblo junto al pantano de Yesa’, de Félix A. Rivas, recoge los testimonios de 13 personas que vivieron en el municipio hasta que tuvieron que abandonarlo.

Martes, 3/05/2022

Conservar la memoria de Ruesta y de las personas que habitaron sus casas, sus calles y trabajaron sus campos hasta su desaparición como municipio en 1965 debido a la construcción del pantano de Yesa es el objetivo de ‘Ruesta vive. Memoria oral de un pueblo junto al pantano de Yesa’, estudio editado por la Institución Fernando el Católico de Diputación de Zaragoza dentro de su colección Cuadernos de Aragón.

La publicación, de Félix A. Rivas, compendia los testimonios orales recopilados durante los años 2018 y 2019 a 13 vecinos nacidos entre 1926 y 1952, que pasaron en el pueblo de Ruesta su infancia y adolescencia hasta que hubieron de abandonarlo por la afección de la construcción del pantano, quedando el núcleo urbano totalmente despoblado. La publicación se completa con fotografías antiguas y un documento de alto valor etnográfico escrito por una vecina de la localidad nacida en 1923.

El trabajo ha sido coeditado por el Ayuntamiento de Urriés, término municipal al que ahora pertenece parte del antiguo término municipal de Ruesta, y la Confederación General del Trabajo (CGT), quien ostenta la gestión del núcleo urbano desde su cesión en 1992 por parte de la Confederación Hidrográfica del Ebro. La publicación se puede descargar gratuitamente en formato digital en el espacio de la colección Cuadernos de Aragón de la web de IFC.

La estructura mediante la que se van desgranado los contenidos responde a un esquema de carácter etnográfico. La publicación comienza con los conocimientos y vivencias sobre el entorno y la relación con los pueblos vecinos y continúa con varios apartados en torno al ámbito de los trabajos y quehaceres, algunos tan curiosos como la pesca de anguilas en el río. Se recoge información detallada de las tareas de cuidados y de la vida cotidiana en general. Después se recopilan testimonios en torno a aspectos de carácter más social, como los vínculos y roles familiares, los mecanismos de regulación social, los rituales de paso conforme avanzaba la vida de las personas, y sobre el carácter cíclico tanto de las faenas del campo como de las festividades de la localidad. Por último, se concluye con ámbitos relacionados con el patrimonio cultural inmaterial como las creencias populares, el lenguaje y la literatura y las diversiones de antaño, como los juegos, deporte o bailes.

Esta agrupación de recuerdos constituye toda una reconstrucción de las formas de vida del ámbito rural antes del desarrollo y el éxodo de los años 50 y 60, y describen la fisionomía del pueblo y de las construcciones de la época -durante la primera mitad del siglo XX el núcleo contaba con unos 500 habitantes-, tradiciones profundamente arraigadas como la fiesta que constituía la matacía, la tradición vitivinícola en la zona, la impronta de profesiones ya perdidas como la de los tejedores y pelaires (dedicados a desarmar colchones de lana); el viaje de las “golondrinas”, las mujeres que en invierno marchaban a trabajar a las fábricas francesas de alpargatas o el traslado fluvial de maderos en forma de almadías como forma de transporte, característico de los ríos pirenaicos y que fue declarado Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial en Aragón en 2013.

De especial interés por las fuertes emociones que despertaron en los entrevistados resultan los capítulos que relatan la vivencia del estallido de la Guerra Civil y la presencia del maquis, y el periodo de la expropiación y la búsqueda de las familias de Ruesta de nuevos lugares y formas de vida. “El choque vital y colectivo que supuso para sus habitantes el abandono de todo un pueblo puede explicar la nitidez y el grado de detalle que presentan muchas veces los recuerdos recogidos”, explica Félix A. Rivas, encargado de esta recopilación y estudio.

Este trabajo da continuidad a los proyectos de investigación histórica y de rehabilitación del patrimonio inmueble realizados en torno al núcleo urbano de Ruesta desde que en 1992 fuera cedido a la Confederación General del Trabajo por la Confederación Hidrográfica del Ebro, organismo estatal titular de los terrenos expropiados dentro del antiguo municipio de Ruesta.