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La DPZ expone en Fuendetodos la edición de los ‘Desastres de la guerra’ encargada por el Gobierno de la República en plena Guerra Civil

Se trata de 34 grabados que forman parte de la edición realizada por el Ejecutivo de Azaña en 1937 para recaudar fondos para la causa republicana y como regalo para Eleanor Rooselvet, Winston Churchill y Josef Stalin. Las estampas han sido prestadas por la Stern Collection de Montreal al Consorcio Cultural Goya-Fuendetodos y pueden verse hasta el 27 de septiembre en el Museo del Grabado de Goya.

Viernes, 06/09/2018

La Diputación de Zaragoza expone en Fuendetodos la edición de los ‘Desastres de la guerra’ de Goya encargada por el Gobierno de la República en plena Guerra Civil. Se trata de 34 grabados que la Stern Collection de Montreal ha prestado al Consorcio Cultural Goya-Fuendetodos y que forman parte de la edición de todas las series de grabados de Goya que el Ejecutivo de Manuel Azaña realizó en 1937 con un doble objetivo: recaudar fondos para la causa republicana y hacer un regalo de Estado a Eleanor Rooselvet, a Winston Churchill y a Josef Stalin. La muestra puede verse hasta el próximo 27 de septiembre en el Museo del Grabado de Goya.

“La edición de los ‘Desastres de la guerra’ ordenada por el Gobierno de la Segunda República fue la séptima que se estampó de esta formidable serie de grabados con los que Goya denunció la sinrazón de la guerra, una obra maestra universal que más de dos siglos después sigue estando plenamente vigente”, ha explicado en la presentación de esta exposición la diputada delegada de Cultura de la DPZ, Cristina Palacín.

“Se trata de una edición de un enorme interés tanto por la calidad de la estampación como por las circunstancias en las que se realizó y por el hecho de que no se concluyó en su totalidad: iban a imprimirse 150 ejemplares, pero finalmente se quedaron en la mitad”, ha destacado Palacín, quien además ha agradecido a los coleccionistas canadienses Marisa y Peter Stern “la generosidad” que han mostrado prestando estos grabados al Consorcio Cultural Goya-Fuendetodos de la Diputación de Zaragoza.

“El ejemplar que puede verse en el Museo del Grabado de Goya es el número 69 de la edición y se puso a la venta a un precio elevado para la época: 520 pesetas”, ha detallado el gerente del consorcio, Ricardo Centellas. Los grabados están magníficamente conservados, guardan hasta la encuadernación original y contienen además varios tesoros de bibliófilo: el prospecto del plan de la edición completa de todas las series de grabados de Goya, dos cartas manuscritas originales del estampador dirigidas al pintor francés André Lambert y un plano de los bombardeos de la aviación sublevada en los alrededores de la Calcografía Original.

“Ese croquis también puede verse en el Museo del Grabado de Goya y muestra los impactos de las bombas en el entorno de la Calcografía Nacional, que estaba emplazada pared con pared con el Ministerio de la Gobernación, en cuyos sótanos se emplazó el cuartel general de la defensa de Madrid”, ha explicado Centellas.

La edición de 1937 de las cuatro series de grabados de Goya

En 1937, el director general de Bellas Artes del Gobierno de la República, el pintor y cartelista valenciano José Renau, tuvo la idea de hacer una nueva edición de las cuatro series de grabados de Goya: los ‘Caprichos’, los ‘Desastres de la guerra’, la ‘Tauromaquia’ y los ‘Disparates’. El proyecto fue concebido con fines tanto políticos como económicos. Las series serían un magnífico presente de Estado y además podrían venderse para recaudar fondos para el bando republicano.

La tirada prevista era de 150 ejemplares, cinco de los cuales fueron una edición de lujo tirada sobre papel Japón antiguo que sería regalada, por su afinidad a la causa republicana, a Eleanor Rooselvet, Winston Churchill y Josef Stalin, además de al presidente de la República, Manuel Azaña, y al ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Jesús Hernández Tomás.

El artífice de la estampación fue Adolfo Rupérez Grima, maestro estampador de la Calcografía Nacional y probablemente el mejor de su tiempo, además de un gran erudito en la técnica del grabado de Goya. Este experto cuidó todos los detalles, desde el papel hasta la encuadernación pasando por la tinta –que se extrajo de un tonel de tinta en polvo superviviente de la época de Goya–.

La serie de los ‘Desastres de la guerra’

Francisco de Goya compaginó el ejercicio de la pintura con el del grabado, siendo en ambas técnicas un maestro que marcó la historia universal del arte. En el grabado, la ‘elocuencia’ retórica del genial artista aragonés precisaba discursos seriados y generalmente de larga extensión. Los ‘Desastres de la guerra’ (1810-1815) incluyen un total de 82 estampas, una obra sin parangón en la historia del grabado.

Goya tituló la serie ‘Fatales consecuencias de la sangrienta guerra en España con Buonaparte. Y otros caprichos enfáticos’, denominación original que sintetiza las intenciones que la motivaron: la sinrazón provocada por la violencia de la guerra y de la represión política posterior. Aunque esté provocado directamente por la Guerra de la Independencia (1808-1814), su discurso es atemporal.

El delicado contenido político y la innovadora concepción de las imágenes y de su técnica provocaron que la serie no viera la luz en vida del pintor. Una generación después de la muerte de Goya, esos grabados fueron ‘redescubiertos’. La Academia de Bellas Artes de San Fernando compró en 1862 las matrices y al año siguiente puso en circulación la primera edición. Sin embargo, la Academia no empleó el título original del autor y la denominó ‘Desastres de la guerra’.

La obra causó al principio un cierto impacto en España, pero no en el extranjero. Esta situación perduró hasta que se empezaron a reproducir las imágenes de las estampas en monografías y magacines y la obra cobró una nueva significación en el contexto de una Europa continuamente enfrentada por guerras. Entre 1892 y 1930 se estamparon otras cinco ediciones.