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Palacio de Sástago

En el siglo XVI los nobles aragoneses dejaron de habitar sus señoríos y se trasladaron a vivir a Zaragoza, donde se concentraba la actividad económica, política y cultural del Reino y se desplegaba el bullicio ciudadano. La capital atravesaba por entonces un periodo de esplendor como ha experimentado pocos; y una manifestación de ello fue, precisamente, la proliferación de palacios que esos nobles mandaron edificar para instalarse de acuerdo a su rango y a la nueva vida cortesana que iban a llevar. Con eso no hicieron más que imitar a los ricos comerciantes y burgueses (notarios, banqueros, etc.), que fueron quienes en realidad dinamizaron la Zaragoza de esa época y quienes adoptaron las novedades renacentistas en la construcción de sus casas, como un símbolo de nivel económico, prestigio y cultura.

 

Una de las zonas donde con preferencia se erigieron estos palacios fue la calle del Coso, el Cursum romano que circunvalaba el casco antiguo siguiendo el perímetro de la muralla. Era una ancha avenida que desde principios del XVI se había convertido en el espacio más “moderno” de la ciudad. En 1570, cuando don Artal de Alagón, III Conde de Sástago, decidió construirse unas casas en Zaragoza, no dudó en hacerlo en el Coso, frente a las de Pérez de Coloma, secretario del Consejo Real, y muy cerca de las del Conde de Morata. Y es que si estas últimas se contaban entre las principales de la ciudad, las suyas iban a ser, como las llamó el cronista Jerónimo Blancas, majestuosas.

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